sábado, 3 de diciembre de 2011

Cielo fundido


Recuerdo esos anocheceres en los que frecuentaba estar apagada. Cogía mi discman e iba a la plaza que está al lado del auditorio. Por aquel entonces esa plaza solía estar desierta, salvo por algún transeúnte osado que paseaba a su perro, saliéndose de la rutina con aires de suficiencia innovadora. Me encantaba ver el mar que se divisa desde allí. Me asomaba al murito y podía ver el agua. Era una presencia tranquila, siempre estaba en calma. En los momentos en los que el mar puede actuar con todo su esplendor de olas, es un señor que grita imponiendo su presencia, con fortaleza y bravura. Cuando el agua está tranquila, cambia de género, siendo una mujer tranquila que te mira con complacencia y cariño. Son un matrimonio que se manifiesta dependiendo el movimiento.

Me sentaba con las piernas hacia el mar y lo contemplaba, totalmente hipnotizada. Escudriñaba la mirada y observaba más allá del fondo. Quizás buscando una solución en el fondo de las aguas, que en ocasiones de tornaban tan turbias que desesperanzaban el intento con sólo un vistazo.

Volvía a poner la canción número 12. Mientras a nivel externo sólo se percibía unos cascos recitando su discurso entonado, mi cabeza estaba imaginando historias. Historias que concordaban en acción con cada fragmento de la melodía; que hablaban de príncipes y princesas, de mujeres que luchan por salir adelante, de ninfas que tocan la luna y de manos que inundan de calor otras más frías. Y visualizaba estas narraciones cómo una película, en la que la parte más intensa de la canción correspondía con fuegos artificiales, rayos dorados que inundaban todo mi ser y ríos fluyendo después de grandes sequías.

Me echaba boca arriba y contemplaba el cielo. Siempre me ha recordado a una manta gigante, que nos envuelve y nos refugia de un mundo más allá de él mismo, cómo si no estuviéramos preparados aún para tanta complejidad y nos estuviese poniendo un filtro de protección infantil.

Y, mi consejero-el viento-, hacía su aparición estelar, preguntando. ¿No habéis notado cuando el viento pregunta? Su intensidad no tiene nada que ver con la fuerza del viento; a veces las preguntas más insistentes son los más dulces susurros, esos que hacen que los pelos de la nuca se ericen. Pero hay veces que no hace falta contestar a sus preguntas. Respondes con una mirada y todas las dudas se le disipan, soplando de manera diferente, en señal de haberlo entendido.

Es entonces cuando cierro los ojos, aún estando boca arriba en el borde del mirador y deposito mis manos en mis brazos. “A un lado está el mar, al otro la tierra. A un lado está la seguridad, al otro lo indefinible, lo bello pero a la vez que peligroso. Un movimiento brusco y no habrá vuelta atrás”.

He de decir que, en esos momentos, nunca me planteé girarme hacia las aguas. Puede que hubiese quedado muy bonito en una novela trágica, pero estamos hablando de unos sucesos que ocurrieron en la vida real, y la chica que se hubiese planteado su muerte en las profundidades marinas no sería yo. No obstante, sí podía casi rozar la muerte con mis dedos, la muerte de una chica que no había aprendido a nadar hasta la fecha. Los cambios más drásticos estaban en la palma de mi mano. Cada vez que lo hacía volvía a sorprenderme, era increíble cuanto poder de decisión había en un simple movimiento. Podía permanecer un buen rato sopesando las diferencias, con respeto y sin perderme detalle alguno de las sensaciones que me trasmitía. Volvió a acabar la canción número 12.

Me incorporaba, con la vista y mis extremidades hacia tierra y con energía tocaba mis pies en el duro suelo, generando un sonido hueco. Echaba un último vistazo al mar, vislumbrando una sonrisa sincera en lo que dejaba atrás. Y yo era extrañamente feliz. Volvía a casa.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Concursos literarios


De pequeña presumía de tener una imaginación desbordante. Algunos niños se enorgullecen de jugar bien al fútbol, otros de tener la Barbie más cara. Yo, de mi imaginación.

Me encantaba obtener la aprobación y alabanzas de mis profesores y compañeros de clase. Escribía relatos ocurrentes y conseguía ganar algún que otro premio de literatura infantil.
Según mi concepción, mi imaginación no tenía límite alguno. Era cómo un poder sobrenatural que no atendía a las leyes de la física, que se nutría de una energía extrasensorial y que fluía en mí cómo una conductora, manifestándose en el exterior.

Conservo un diario que escribía cuando tenía 8-10 años. En él no paro de quejarme de cuando las cosas me iban mal, de aquel niño que me gustaba y que no me hacía caso...Y hablaba que todo eso se difuminaba porque era portadora de un don creativo maravilloso que muy pocos tenían (¡chincha revincha!). 

¿Engreída? ¿Vanidosa? ¿Arrogante? No de manera manifiesta, pero de manera implícita en ese aspecto concreto, sí. Para algo que se me daba bien... ¿Exagerada? También, también. :P

El problema surgió cuando empecé a tener miedo ¿Y si mi poder, aquel que me hace ser especial, lo pierdo? ¿Quién seré entonces? Cuando me surgió este miedo, me sentí incapaz de crear. Mi poder no me reaccionaba. Estaba tan pendiente de comprobar si mi creatividad funcionaba que no podía funcionar.

Esto me recuerda a una entrada que escribí aquí hará un par de años. En ella comentaba mi problema al hablar (todavía me pasa algunas veces, qué putada XD), teniendo a menudo problemas para comunicarme coherentemente cuando estoy pendiente del propio procedimiento de hablar.

En este caso, el proceso divertido de crear se había convertido en una prueba autoevaluativa de ver si conservaba mi potencial. Sin pasión no hay creación. Esto que parece una auténtica gilipollez, no lo es en absoluto. Los miedosos crean leyes generales absolutistas para aplicarlas en todos los casos y controlar la realidad. Pero en el proceso, esterilizan lo nuevo, las posibilidades. Para un acto creativo escrito, no te sueles ceñir al objetivo de la creatividad en sí mismo; las cosas que más emocionan son aquellas que fueron creadas mientras el creador se emocionaba verdaderamente. Es un proceso tan enigmático cómo la esencia de la vida; se respalda en unas normas básicas (las palabras, la estructura escrita) para configurar algo que en determinados sentidos no tiene barreras, ni normas. El proceso creativo es hacerle un corte de mangas a lo establecido para adentrarte en mareas profundas.

Entré pues en una crisis creativa. Hasta que me mentalicé de que no era creativa. Había perdido el don. Fue entonces cuando huí de la opinión ajena. Me dijeran lo que me dijeran siempre era malo:

-Si me decían que un relato mío era una mierda, pues yo me pudría en la mierda con el relato. XD
-Si me decían que un relato mío era una maravilla, al principio me alegraba pero luego salía huyendo, ya que tarde o temprano se daría la persona cuenta de que se había equivocado o que fue un golpe de suerte y no podía soportar su cara de posible decepción (yo creo que es peor una cara de desilusión que una cara de hastío inicial).

Hay que tomar en cuenta que en ningún momento tomaba en consideración la posibilidad de mejorar. Los dones o se tienen o no se tienen. ¡Toma castaña!

Pero, años más tarde, me encaré a la opinión ajena escribiendo en la red. Las opiniones escritas duelen menos que las cara a cara. Son sólo personas que escriben letras unidas, que casualmente tienen un significado. Sin tonalidades de voz, sin caras raras, sin observar las reacciones ajenas. Una aportación minimalista de la realidad. La procedencia de esas palabras quedaba reducida porque me daba tiempo suficiente de mentalizarme y planear una estrategia mental defensiva para darme ánimos. Las palabras esperan. Las personas, no.

Pero los concursos de relato ¡Eso es otro cantar! Seres que se sientan detrás de una mesa con aires de gran sapiencia, valorando con intensidad tu historia. Se las dan de eruditos y te adjudican un premio si está a la altura de las expectativas. Y si no lo está, no te van a decir por qué: Se limitan simplemente a tirarlo a la basura. Y seamos realistas: cuando envías el relato no lo envías por motivación intrínseca: Lo envías para ver si puedes ganar. El objetivo son los otros.

Creo que me da más miedo ganar que perder. Porque me da miedo ilusionarme con algo que la próxima vez será decepcionante. Sin embargo alguna vez me arriesgo. Cuanto más miedo me da, más me arriesgo ¿Que algo me da miedo? ¡Ni de coña! Así fui superando mi timidez en su momento.

Bueno, la cosa es que quedé finalista el año pasado en un concurso de relato corto y hoy recibí la publicación del librito con el ganador y los finalistas. No me lo esperaba. Fue un relato improvisado y sin estructuración pensada previamente.

Yo contaba que me darían sólo un ejemplar para el recuerdo, pero me dieron 25 libritos.

¿Y ahora qué? ¿Los regalo? Es que si voy dando el librito por ahí ¿no suena un poco prepotente? En plan: “mira te regalo mi librito, ya me dirás (mirada de superioridad, a lo pro)”. No quiero parecer que me las doy de “chachi-guay”. Pero claro, tengo un blog ¿Los que tienen un blog en el fondo no van de protagonistas por la vida? Yo quiero pensar que no, que yo voy en misión humanitaria, para autoayudarme a tener más confianza, jejejeje.

A una amiga le dije que no me dijera si le gustaba o no; que lo leyera y simplemente me dijera en qué podía mejorar ¿Por qué le dije eso? ¿Todavía no he aceptado mi problema con las críticas? Yo creo que, al vincularlo con un concurso, me entró la vena tonta, pues el tema de los concursos no lo asimilo bien aún. Y eso que me he presentado a varios concursos ya ¿Todavía con esas? Raquel, te voy a tirar de las orejas. ¬_¬.
Estoy por decirle que olvide lo que le dije: que opine lo que le dé la gana, sin cortarse un pelo.  Y, con respecto a los concursos, voy a presentarme a tantos cómo pueda, hasta que pueda soportar bien el rechazo. Y lo más importante: hasta que pueda soportar bien los premios. 

martes, 22 de noviembre de 2011

Desarmonía


La música fluía de manera armoniosa. Era rítmica, tenía vida. Era alegría. Sonaban flautas con aire travieso a la izquierda, violines a la derecha marcaban el compás. Todo era maravilloso. Las guitarras en el centro susurraban notas de promesas de un mundo mejor. Y entonces sonó. El triángulo, en la zona más profunda de la izquierda. Y la música cesó. Y los violines se retiraron. Y las flautas retomaron su música. Esperando que la zona de la derecha volviera a sonar cómo antes. Pero ya era imposible. Ese triángulo nunca debió haber sonado.
Pero quizás no sea demasiado tarde....

miércoles, 26 de octubre de 2011

9ª Temporada: Dos hombres y medio. Impresiones.

Una serie que llevo viendo durante años es Dos hombres y medio, protagonizada por Charlie (Charlie Sheen), Alan (Jon Cryer) y Jake (Angus T. Jones). La serie era divertida, todos los personajes gozaban de defectos y rasgos satíricos que lo hacían insoportables y a la vez entrañables.
La serie en sus comienzos

Fue muy sonado el despido de Charlie Sheen por su insoportable actitud en el rodaje, colmando el vaso con el desafortunado comentario que hizo en una entrevista, insultando a su jefe Chuck Lorre.

Charlie Sheen ha sido sustituido en la novena temporada de la serie por Ashton Kutcher, haciendo el papel de Walden: un millonario ingenuo e inmaduro, muy atractivo y bastante inteligente para determinadas cosas.

Después del subidón del primer episodio de la novena temporada (más bien por el morbo de ver cómo adentraban al nuevo protagonista, matando a Charlie), la gente poco a poco se ha ido retirando, aunque sigue siendo líder de audiencia en el horario en el que se emite. Semana a semana, el número de espectadores es algo menor y aunque el equipo de la serie no parece preocupado, si es digno de atención.

En mi opinión, la serie está cayendo en un gran fallo evidente y, si se prolonga, probablemente las audiencias no tarden en caer de una manera más estrepitosa, por el carácter cansino y extremadamente aritificioso que está tomando.

Creo que parte de la causa está en el cambio de roles que han tomado los personajes. En las primeras temporadas, cada personaje jugaba un papel fundamental en la serie:

-Alan era el desafortunado, el pardillo que a la vez se aprovecha patéticamente de las circunstancias, que no sabe defenderse y que por estas circunstancias, se deja querer.
-Charlie era el vividor, el adicto a la bebida, el "malote" de turno, el afortunado con las mujeres, el punto ácido de la serie, el espabilado.
-Jake era el factor adorable, bastante guarrete en modales, ingenuo y pobre de ideas pero su carita de niño mofletudo lo hacía un amor.

Aquí radica el primer problema: Jake ha crecido. Y uno de los temores de los guionistas era que ese factor adorable desapareciera, dejando la serie con un hueco. El "medio hombre" era fundamental, daba cuerpo a la serie, desestabilizaba la superficialidad de los otros dos personajes, aunque fuera con apariciones intermitentes.

Y el segundo problema: Charlie ya no está. Es evidente que no iban a poner a otro Charlie. El director con la cabeza muy alta y todo digno dijo que "no necesitaban a ese personaje para nada". Pues había que hacer algo.

Necesitaban un tipo triunfador con las mujeres. Y a la vez estaban perdiendo el factor adorable de Jake. ¿Qué hacemos? ¡Unamos los mejores rasgos de Jake y los mejores rasgos de Charlie en uno solo! Así tenemos a alguien guapo, millonario, infantil e ingenuo en un solo personaje. ¿Problemas? Dos para ser exactos:

Para empezar, Jake ¿Ahora que es Jake? Un adolescente que practicamente no cumple casi función y que sólo se dedica a decir alguna ingenuidad muy en su línea, pero sin mucho entusiasmo. Se ha convertido en un personaje vacío, y me parece muy mal, pues es un personaje que se le podría sacar mucho partido si se lo propusieran. La adolescencia y juventud está llena de cosas que explotar: están desaprovechando posibles recursos muy buenos. Están infravalorando a Jake.

el trío en acción.
Para seguir, el propio Walden. Es demasiado maravilloso. Ha entrado en una alfombra roja y en ningún momento se ha bajado de ella. La serie tiene éxito porque ningún personaje es perfecto. Las series de éxito de hoy en día tienen ahí su base: la imperfección. Charlie era una persona algo cruel con su hermano, muy superficial y un bebedor compulsivo. ¿Qué es Walden? ¿Ingenuo? ¿Infantil? Esos son los defectos que se les ocurrieron. Pero esos defectos dan un resultado muy paternalista por parte de los espectadores (recordemos: es la viva imagen de Jake niño).

La intro de la serie es un claro reflejo de las intenciones del equipo. Mientras que antes salía en el centro el pequeño Jake cantando cómo guinda del pastel, ahora es Walden el que se lleva la gloria.

Para colmo se nota el servilismo por parte de los demás personajes. Salvo su ex-mujer(que no es que lo odie, simplemente está cansada de su actitud infantil), todo el mundo quiere a Walden. Algunos de los comentarios que se hacen sobre él son:

"La tiene cómo la trompa de un elefante" Alan, impresionado del pene de Walden.
"Al final va a ser que no soy lesbiana". terapeuta lesbiana, tras un abrazo de Walden.
"Si me besa un hombre, mejor que sea Jesucristo". Alan haciendo referencia a Walden.
"Nunca me he sentido tan bien" Berta pensándolo mientras consuela a Walden.

Y esto es sólo un minúsculo ejemplo de la cantidad de frases con las que nos podemos encontrar en tan sólo 6 capítulos que he visto. No había visto tanto amor hacia un personaje desde Ana de la serie Ana y los Siete. Y ni eso.

Una escena muy común.
Otra cosa son los desnudos gratuitos: Walden no desaprovecha oportunidad para pasearse desnudo por la casa o simplemente sin camisa Pero eso sí: presumiendo de cuerpo (aunque el personaje sea de lo más humilde). Y siempre que hace esto, los demás personajes lo miran abobado, ya sea por sus músculos de gimnasio o por su miembro viril. La cosa al principio hacía gracia pero a pasado a ser petulante. ¿Está esperando un aplauso por parte del público por esto?

Según determinados rumores, su paso deslumbrante no sólo se ha visto reflejado en el personaje, sino en la vida real: Ashton Kutcher recibe más ventajas monetarias y comodidades que el resto del reparto. A nivel de sueldo, Charlie Sheen tenía también los mismos privilegios. Pero se le han sumado cosas cómo un camerino rodante muy lujoso (cosa que nadie del reparto ha tenido nunca) y alguna que otras comodidades extra. Algunos del equipo no están muy conformes con el trato a cuerpo de Rey que está recibiendo.

Los intereses creados por el director y producción para que los seguidores de la serie no echen de menos a Charlie se ven extremadamente forzados. Más teniendo en cuenta que tenemos que aguantar unas risas enlatadas que le siguen el juego a situaciones demasiado trilladas planeadas a calzador para que Walden salga siempre cómo el más carismático, el más adorable...simplemente el más.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Hoy no.




Estoy en el asiento trasero del coche de mi padre. Tengo 10 años. El sol se pone en el mar. Las incesantes curvas de la carretera normalmente me marearían. Pero, a diferencia de otras veces, no me atacan, sino que me mecen con ternura. Vuelvo de casa de un familiar ¿Un primo? ¿Mi abuela? No me acuerdo.

Mi padre insiste en que cierre la ventanilla. Pero, cómo si fuese una vil pecadora, abro una rendija, saboreando el fresco aire, que me seduce hasta límites insospechados.

Veo hierba seca. Se ondula con el suave viento. Me pregunto dónde estoy. Veo algunas casas: viejas, separadas; una en cada curva, haciendo autostop. El Sol sigue con su reverencia, dónde suele haber nubes. Pero hoy no. Hoy es un gran atardecer. Normalmente los atardeceres me hacen llorar. Hoy no.

Mi madre habla con mi padre. Mi padre la escucha por encima y a veces la interrumpe para comentar los sucesos del camino. Para mí son sonidos lejanos. Conversaciones aburridas que poco tienen que ver conmigo. Un leve zumbido, imperceptible pero quizás necesario.

El polvo del coche crea una dulce danza. Cada mota de polvo me observa. Miro los pequeños copos y los saludo ¿Cómo están pequeños? ¿Bailamos esta dulce consonancia de verano?

Cojo mi mano derecha y mi mano izquierda cómo si fueran los miembros de una pareja y comienzan a danzar y a sobrevolar las nubes. Lo único que separa mis manos del cielo es un empañado cristal, que se tiñe de color naranja, intentado ser fiel a mi infinito particular.

Apoyo mi cabeza en el asiento y observo cómo mis manos siguen danzando. La danza de la vida, de hacer posible lo imposible. Sonrío. Por alguna extraña razón, creo que es la tarde perfecta. De fondo, suena Mrs Robinson. 


domingo, 4 de septiembre de 2011

Reencuentros

Había pasado tanto tiempo. La conversación giraba entre dos bandos: personas que hacía tiempo que no veía vs personas que veía prácticamente todos los días. Observé la manera en la que tanto unos cómo otros movían los labios al hablar. Me hacía gracia cómo cada persona se comunicaba de una manera diferente. Mientras uno de ellos acompasaba su conversación con un abrir de ojos intenso, poniéndo énfasis en una palabra clave de cada frase y moviendo la cabeza al mismo ritmo; el otro lo hacía todo con tranquilidad y armonía, apoyándose en la mesa y sonriendo de modo apacible, cómo si todo aquello formara parte de una noche más que él ya había digerido en varias ocasiones. Notaba cómo entre ellos dos se retroalimentaban de forma apremiante, de tal manera que la habitualidad era un aliciente para interactuar con la parte menos vista. Me sentía bien en todo esto, a pesar de que en ese momento no estaba allí: estaba observando lo que allí pasaba, olvidándome de mi misma, por una vez en tantísimo tiempo. Cuando caí en la cuenta de mi existencia (una vez más) cuidé mis gestos y los analicé con sumo cuidado: la manera en la que sonrío, la forma en la que muevo los brazos. Mis ojos me dolían por la alergia y me preguntaba como se vería todo desde fuera. Era incapaz de sostener la mirada, avergonzada por la situación que esto suponía, pero a la vez, volvía a la carga con un tinte desafiante, no tanto en la persona cómo en mi propia personalidad encogida.

No se me ocurría la manera de conectar con su energía específica. A veces sentía que no conectaba con ese bar en aquellos momentos ¿Por qué? Hace un rato no estaba tan mal. No lo sé. Me pasa últimamente a menudo. Estoy en un lugar y me vienen oleadas de desubicación consciente, así de repente. Puede venirme estando con mis amigos más cercanos, en mi propia casa estando en la más absoluta soledad. Me ha venido incluso cuando he despertado en mi cama después de un largo sueño. Un pez de río en una pecera.

Risas. Me encanta escuchar los diferentes tipos de risas. La risa dice mucho de una persona. La risa del primer chico era alegre y despreocupada, cómo si diera brinquitos sobre sí misma. La segunda risa era suave y precisa, era una risa compartida por primos, una risa que sólo se da cuando estás en familia. Una risa cercana. La tercera, la de la persona más próxima a mí, la que veía cada día; era una risa que conocía muy bien, una risa orgullosa, consciente de sus virtudes y defectos, pero que quería dar tregua a todo eso para dar a conocer su postura, de la mejor manera posible. ¿Y yo? Forcé reírme, cómo alguna vez lo he hecho, por cordialidad.

Melosa. Melosa y juguetona, con unos tintes artificiosos (lo que era, verdaderamente) esperando quizás una mirada cariñosa y protectora; volviendo a jugar a la pequeña niña desvalida que no se entera de nada pero que pegarle una colleja sería una criminalidad. Una actitud que, por otro lado, resulta peligrosa, porque para algunos no hay mejor manjar que hacer daño a una pequeña que no te respondería de ninguna de las maneras. Es cómo un desafío a punto de caramelo. Soy consciente de los riesgos. Y ya los he sufrido en varias ocasiones. Aunque es más fácil hacer cómo que no me he dado cuenta.

Debería estar pendiente de la charla. Repito la última palabra de la conversación a nivel interrogativo, para ponerme al día. Ellos me miran con expresión sonriente y comentan palabras sobre la inocencia refiriéndose a mi persona. Hablan sobre darse y no darse cuenta de las segundas intenciones de las cosas. Eso está claro. Ni de las segundas intenciones ni de las primeras. Sonrío de la mejor manera que sé y me centro en la conversación para estar a la altura. Intento meterme. Pero mi mente se larga fuera de escena una vez más, incapaz de implicarme, cómo si estuviera viendo un documental en el que no se me permitiera participar. Mi atención no me responde hacia el lado que debería. Hay cariño. Y alegría por verles. Pero quiero concentrarme en el reencuentro, sin que las palabras que salgan por mi boca estropeen esa sensación. Siento que soy la única con esa emoción y miro al suelo confundida por mi forma de sentir. Necesito hallar intensidad para un tema. No la encuentro. Comienzan entonces a hablar de temas en los que no puedo participar, por mi falta de entendimiento concreto en la temática. Sigo feliz del reencuentro. No por lo que hablen. Simplemente por haberlos visto después de mucho tiempo. Aunque puede que ellos no lo sepan. Eso es lo de menos.

miércoles, 20 de julio de 2011

Talento

FACENOTEBOOK

Claudia Marina escribió en el muro de Alberto Muñoz Espinosa:
Tienes talento.
hace 6 meses

Claudia Marina escribió en el muro de Abelina Cartajo Fernández:
Tienes talento.
hace 6 meses


Claudia Marina escribió en el muro de Jorge Zafra López:
Tienes talento.
hace 6 meses


Claudia Marina escribió en el muro de Pedro José García:
Tienes talento.
hace 6 meses

            Pedro José García: ¿?  
hace 6 meses

Claudia Marina escribió en el muro de Lorena Méndez Ruiz:
Tienes talento.
hace 6 meses


Claudia Marina escribió en el muro de Rossana Marina Beato:
Tienes talento.
hace 6 meses

Claudia Marina escribió en el muro de Raquel Villanueva Teno:
Tienes talento.
           Raquel Villanueva Teno: Tía, ¿A qué viene eso? Me he fijado que a todos tus contactos les vas diciendo eso. Ya he contado más de 20. Sin tener en cuenta la gente a la que no puedo acceder a su perfil.
hace 6 meses

Claudia Marina escribió en el muro de Isabel Patria Suárez:
Tienes talento.
hace 6 meses


Claudia Marina escribió en el muro de Evelio Lorenzo:
Tienes talento.
hace 6 meses


Claudia Marina escribió en el muro de Lucrecia Fernández Rosales:
Tienes talento.
hace 6 meses

           Lucrecia Fernández Rosales: Jajaja. No jodas ¿He ganado un premio?
hace 6 meses

Claudia Marina escribió en el muro de Sara L.M.:
Tienes talento.
hace 6 meses


Claudia Marina escribió en su muro:
No tienes talento.
hace 6 meses









Candela Padrón escribió en el muro de Claudia Marina:
Tienes talento
hace un minuto