lunes, 31 de agosto de 2009

Pendiente de lo automático: una fórmula de la ansiedad


Cuando somos conscientes de las cosas que hacemos automáticamente, las hacemos peor. Es cierto. Y lo peor es que intentas de alguna manera volver a ese estado en el que hacías las cosas de manera automática. Pero cuanto más intentas volver a ese estado de inconsciencia, más te sigues concentrando en ese estado incómodo e inusual. Y sientes cada vez más agobio. Sientes que nadie está en tu situación y no te puedes concentrar en otros aspectos. Sientes ansiedad "quiero salir de este maldito estado que me impide concentrarme en otras cosas que antes me concentraba". Y todo transcurre a la vez que intentas por todos los medios u externamente no se note el problema que llevas dentro.
Un ejemplo es la respiración. Normalmente respiramos de manera automática. Pero de repente te fijas que la inspiración e espiración puede ser voluntaria. Y de repente parece que si no te concentras en inspirar e espirar no lo vas a hacer. Y no puedes pensar en otra cosa. Y acaba agobiándote tener que respirar. Y no puedes dejar de pensar en ello. Intentas concentrarte en otra cosa. Pero no puedes. Cada vez te sientes más agobiado/a. Tanto, que deseas irte a dormir para poder descansar la mente, que ya está hasta la santa coronilla de ese tema obsesivo y que no puedes quitar de tu mente.
A mí últimamente de vez en cuando me ataca una de estas obsesiones. La que más me está actualmente comiendo el tarro es la de hablar. Sí, la de hablar, como lo leéis. Normalmente, cuando hablas, no estás pendiente de como construyes las palabras. Simplemente piensas en una idea abstracta y las palabras fluyen por sí solas. Pero, un día te entra un miedo absurdo: "¿y si me trabo cuando estoy hablando y construyo mal las palabras?" O simplemente, te percatas de que para comunicar una idea necesitas crear una construcción sintáctica y morfológica. Y entonces empieza la pesadilla. Cada vez que vas a comunicar algo, no puedes evitar analizar la forma en que vas a expresar esa idea. Y por absurdo que parezca, cuanto más elaboras dicha expresión, más te trabas. ¡Menuda paradoja!
Empiezas a trabarte sin parar cuando hablas y la ansiedad se apodera de ti. ¡Maldita sea, quiero expresar las ideas sin pensar en como debo decirlo; sin pensar en los artículos, adjetivos, preposiciones y vocabulario empleado en cada momento! Sientes que la gente te mira raro. Cada vez estas más nervioso/a, quieres parar, te empieza a doler la cabeza, te sientes sobrecargado/a. Y cuando estás a solas, no paras de reprocharte a ti mismo/a de esta conducta. Y eso implica que te concentres más en no trabarte al hablar . Lo que en causa aún más dificultades para comunicarte. Y así, sin parar. Además, las ideas que quieres expresar se convierte en algo irrelevante ¡Ahora el objetivo último es que te salgan las palabras adecuadas, en el formato justo. La conversación pierde sentido y se convierte en algo angustioso. Hasta que un buen día, se te olvida esta paranoia y vuelves a un estado de más paz mental. Hasta que vuelva. Otra vez.

5 chispas coloridas:

jerrewell dijo...

Hola! He estado por aquí y me he visto obligado a comentar, cuando he visto tu muñeco amenazador en la parte inferior de mi pantalla. Estoy participando en el blog de libropina y vi tu comentario. Simplemente era para agradecerte tu opinión sobre el libro de "Entre Limones" y si quieres participar otra vez, pues perfecto. Bueno, muy currado tu blog. A ver si me animo a seguirlo. Un beso.

Álber dijo...

Policroma, tu comment system se zampó mi parrafada. ¬¬ Argx.

Mente Policromada dijo...

Ups! Lo lamento. ¿En líneas generales que querías expresar?:)

Álber dijo...

Sorry, me lo volvió a tragar. Te lo suelto en persona, arrg.

Mente Policromada dijo...

jajajaja ok. ¡Que mal!
Te aconsejo que la próxima vez lo escribas en el bloc de notas y luego hagas un copia y pega. ;)

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