La forma en la que estaba escrito me recordó bastante a una autora de cuentos que leía en

En realidad contamos con dos versiones: las versiones de sus dos hijas: Gillian y Imogen.
La versión de Gillian sobre su madre, es melosa y entrañable. Cuenta con orgullo lo trabajadora, dedicada e imaginativa que era Enid. De lo feliz que era con su máquina de escribir, dónde solo usaba los dedos índices, pero eso le bastaba para crear una cantidad de material inmenso. Asegura que por la noche, de vez en cuando contaba algunas de las historias a sus hijas. De que tenía un don para la empatía de los infantes.
La pequeña, sin embargo, hace hincapié en lo poco afectuosa que era como madre, dedicando más atención a sus fans que a sus propias hijas. Según nos cuenta Imogen, su madre celebraba reuniones de lectura en su casa para promocionar sus libros, invitando a niños a merendar y a jugar. Mientras tanto, sus hijas eran obligadas a estar en el piso de arriba, atendidas por la niñera, sin poder bajar. Imogen también recuerda que tenía que fingir estar jugando con su madre o riendo con ella para posar en las fotos y, una vez la sesión había finalizado, ella llamaba de manera severa a la niñera y se ausentaba eternamente otra vez, a su mundo de escritura constante. También comenta el continuo mal humor de su madre y los maltratos que esta ejercía (no especifica cuales).
Las dos hermanas tuvieron muchos choques (debido en parte a la opinión discrepante que tenían hacia su madre), lo que supuso que evitasen tener contacto mutuo.
Bien es cierto que, más allá de las versiones de las dos hijas, hay determinados datos que están demostrados por otras fuentes:
Muchos dicen que Enid Blyton jamás superó la marcha de su padre, cuando ella tenía 12 años, abandonando a la familia para no volver. Ella idealizó ese mundo de infancia dorada, que sería tema de sus libros posteriores. En numerosas conversaciones y entrevistas, hablaba de su padre como la persona más maravillosa que había conocido.
Se casó con un editor, con el que tuvo a las niñas y, posteriormente, se divorció de su marido (alcohólico y depresivo) y prohibió que este pudiera ver a sus hijas. La historia, de alguna manera, se repetía.

Ella, también cayó en la bebida, bien por malos hábitos o bien por una personalidad un tanto inestable.
Estuvo curioseando el terreno lésbico, manteniendo una relación estrecha con su niñera, dónde no se sabe a ciencia cierta hasta que punto llegaron, pues ya se sabe que, por aquellos entonces, a cualquier cosa lo llamaban “escándalo”.
Posteriormente se volvió a casar, esta vez con un cirujano, con el que tuvo una vida sexual bastante plena, con alguna que otra práctica inusual. Uno de los hechos más famosos es la de ver a Enid Blyton jugando desnuda al tenis con su segundo marido.
Basado sobre todo en lo que cuenta Imogen sobre su madre (versión más morbosa que la de su hermana) han hecho una película, llamada Enid (2009), bastante bien hecha y que recomiendo. Aunque advierto que está quizá demasiado centrada en los aspectos negativos de la autora, poniéndola como una pobre e inestable mujer que nunca creció, sumergida en los niños ajenos y en aparentar que todo iba bien, negando cualquier tragedia que existiera en su entorno, para no dañar su reputación y la propia concepción que tenía de su realidad.
En relación con los libros en sí de la autora, como dije anteriormente, cosecharon muchas ventas, aunque también ha recibido algunas críticas:
Para empezar, algunos de los libros han sido tachados de racistas y machistas (muchos “malos” eran obreros de raza negra).
Otros consideraron que las obras de Enid eran carentes de valor literario, con personajes planos y estructura predecible. La BBC, corporación británica de radiotelevisión pública, rechazó durante 30 años emitir la obra de la autora, ya fuera a través de programas, entrevistas y similares. No obstante, a la autora lo que verdaderamente le importaba era la opinión de las personas menores de 12 años, por lo que eso no le afectaba, siempre y cuando no repercutiera en la opinión que los niños tuvieran de ella.
En mi opinión, lo importante no es como fuese una autora, sino la producción de su obra y los valores que trasmite. Los libros de Enid hicieron disfrutar a muchos niños de manera sana (aunque quizá con un dulzor a veces exagerado); y ese es el objetivo de los libros
